Valer la pena

Blog de Susana Cella

Nombre: S.C.
Ubicación: Buenos Aires, Argentina

12.12.06

Declaración de silencio

El fulgor no es luz que se propaga, como el aura sólo arde en torno de un objeto o cuerpo, por lo tanto es inútil todo esfuerzo de retacearle al cuerpo, objeto, ceniza viva, algo de lo que sólo a su aura pertenece.
Suspendido el aire y quebrado el hábito suele seguir llegando de pura invención o mentida irrealidad, un momento atrás de otro, y así, así, la fila larga se descompone y tambalea como si cada una de las densas imágenes de luz, sonido y materia no acertaran a componer la deseada coreografía, la figura principal y dejaran, como dejan, al azar o voluntad comedida, todo intento de ubicarse en un definitivo sitio, porque saben, o porque no, que no hay tal cosa y que el secreto queda apenas atisbado y el secreto, circulante, menos fijo todavía, se retuerce y bastardea según quien se atreve a tocarlo y aun, aun, secreto queda por su oscuro centro indevelable.
Otra será la cosa que nos dé a entender al decir lo mismo repetido en las cambiantes horas, los vaivenes de mar y río, la ceniza oculta que ha de ir a dar, por fin, a la mar.
Gracias a Susana, la mamá de Selva, por su mensaje, porque sin saberlo me hizo encontrar en un poema de William Faulkner que traduje hace tiempo, las palabras que quería para Nicolás Rosa
AQUÍ ESTÁ ÉL, MIENTRAS LA NOCHE ETERNA VA CAYENDO

Y es la noche como un sueño entre paredes grises
cayendo lentamente, cayendo lentamente
entre dos paredes de piedra gris y sin término,
entre dos paredes acrecidas de silencio.
La luz del crepúsculo se corta con aguas cayendo sin cesar
y se adensa con capullos de flores perennes
y una voz que por siempre llama,
dulce y sobria.
La primavera despierta las paredes de una calle fría,
siembra semillas de plata siempre recordadas en los sitios helados;
en prados similares a rostros fijos y de sonrisas simples
y agita los arroyos y el césped que supo de sus pies.
Aquí está él, sin la puerta de piedra
entre dos paredes crecidas de silencio,
y hojas de silencio esparcidas por el suelo;
Aquí, en la plata solemne de primaveras ruinosas
entre los suaves capullos siempre verdes, ante la puerta
Está de pie y canta.
W.F.