Valer la pena

Blog de Susana Cella

Nombre: S.C.
Ubicación: Buenos Aires, Argentina

27.8.06

A América Scarfó y sus flores rojas



Atendió el teléfono desconfiada, me preguntó quién me había dado el nœmero, le di un nombre, se ve que mal no le pareció, y medio como explicándome dijo que ya bastante la habían molestado desde el día en que le devolvieron los papeles de Severino, sentía que le querían robar lo que era nomás de ella, hacer de su sufrimiento una historia atractiva, también que habían pretendido hacerle una especie de biografía, sin pagarle nada. “No para m’, para donarlo al Hospital de Niños”, me aclaró con pura ética anarquista. A todo esto se le estaba yendo la reticencia del principio, y siguió hablando, siguió, y yo, que quería tener una conversación con ella, que le estaba solicitando una entrevista, jamás la tuve, quedó en un después incierto, y lo del teléfono fue tan inesperado que ni tuve tiempo de grabarlo. De otro modo, ahora podría transcribir ese relato, el de ella, de cuando Severino y Paulino estaban condenados, de su dolor, de cómo pudo contestarle a su cuñada que ella sí tenía fuerza para estar cuanto más cerca y más tiempo fuera posible con su hombre, de lo que le dijo Severino cuando pudo verla, de que le pidió que cuidara a los chicos, de cuando jugaban a disfrazarse, del barrio y la familia. Pero, como ella misma dijo “Esa historia es mía y la voy a escribir yo” y si no pudo ser ella, nadie más será. La conversación no se grabó porque no debía ser, porque ella no habría querido que alguien más refiriera esos detalles íntimos, los sentimientos guardados por décadas del único amor de su vida, “porque él fue...”. Porque solo ella podía mezclar as’ el castellano y el italiano. Afortundamente Bayer pudo acercarse a todo esto en su libro. Afortunadamente los falsarios de la memoria no ganan esta vez con sus historias oficiales. Las flores rojas siguen frescas.

Pero lo del teléfono fue verdad y tal vez cuando lo cuente nadie va a creer que fue cierto, pero usted y yo lo sabremos, América, y sabremos que esa conversación fue un largo rato de verdad. De verdad verdadera saltando como usted saltaba de su compañero a los hijos, a sus padres, a los nietos y biznietos, al marido, la editorial y la carta de amor en italiano de la que me quedaron las dos palabras más repetidas, las principales: "cara" y "bimbi".

"Bueno, ya le conté bastante" me dijo después de una media hora, con el resto de firmeza que se traslucía en suentrañable voz.