Valer la pena

Blog de Susana Cella

Nombre: S.C.
Ubicación: Buenos Aires, Argentina

2.2.06

Un cacho de cultura (continuación)

El arte de la palabra


Entre los valiosos aportes de María Zambrano, la idea de concebir, para pensar el mundo, una razón poética, sería una de esas intervenciones en la cual el arte aparece como imprescidible no sólo en lo que se refiere al hecho estético, sino como modulación específica del pensamiento. Claro que al decir poética, al vincularla con la expresión verbal, nos remite a un arte en especial, el arte de la palabra, en cierto modo, a lo que, desde el siglo XVIII en adelante, denominado literatura, nombraría al conjunto de textos escritos donde la categoría de ficción juega un papel primordial. Entonces, desde la cultura y las artes arribamos hasta un arte en particular cuya materia prima es simultáneamente lo que hace al carácter diferencial del ser humano: el lenguaje. Cuando se habla de “lenguajes artísticos”, ¿se refiere acaso a un modelo básico, la lengua, el sistema de signos a partir del cual se piensan los otros sistemas? Si esta impronta lingüística fue tan importante como para que Barthes invirtiera la definición de Saussure y que en lugar de ser el lenguaje parte de la amplia ciencia, la semiología, que abarcase el conjunto de los sistemas de signos, el sistema de signos privilegiado que subsumiría a los otros sería la Lingüística; estamos hoy estamos lejos de la preeminencia del modelo lingüístico, sin embargo sus huellas todavía pesan, y no estaría de más decir, que en muchos casos, afortunadamente.
Pero esto puede derivar en otras reflexiones. Quisiera referirme al lugar de la literatura considerando, como dije, ese conjunto de textos signados por el trabajo con un material (el lenguaje) y no menos atravesados por la idea de ficción, que aunque en su sentido etimológico nos remite al hacer, al moldear (fingere), asimismo nos remite a la idea de simular, representar, configurar (effigie, figura) y también, de un modo más extremo a una oposición entre “lo verdadero” o “lo real” y “lo ficticio”. Si partimos de la idea de que todo discurso es ficcional, que el lenguaje es la necesaria mediación con la realidad, que no nos es alcanzable sin esta mediación: a la vez límite y posibilidad, la literatura encuentra su lugar en la construcción de una cultura, en su interpretación y comunicación en tanto manipula, figura, ese elemento esencial que es el lenguaje potenciándolo, es decir, activando todos sus componentes: fónicos, léxicos, gramaticales, semánticos, sintácticos. Y al hacerlo abre la perspectiva de una mayor captación del mundo, al desnaturalizar lo que quedaría por el uso y la reproducción, naturalizado: las palabras.
De nuevo, María Zambrano:
Salvar las palabras de su vanidad, de su vacuidad, endureciéndolas, forjándolas perdurablemente, es tras de lo que corre, aun sin saberlo, quien de veras escribe (Hacia un saber del alma)
Si se trata de establecer una ligazón entre cultura y lenguajes artísticos, la relevancia de la literatura en tanto arte de la palabra puede quedar señalada por el hecho de que esos “lenguajes” artísticos pueden considerarse tales a partir de una modelización primordial del mundo que hacemos a través de las palabras. Es por medio de ellas que conformamos nuestros universos y asignamos sentidos. Y más, me permito otra cita, tan espléndida como la anterior:La historia no roza tangencialmente en el lenguaje, sino que acontece en medio de él (Theodor Adorno, Minima moralia)