Valer la pena

Blog de Susana Cella

Nombre: S.C.
Ubicación: Buenos Aires, Argentina

30.1.06

Un cacho de cultura

En un museo se guarda esta muy antigua imagen de un cisne, como andaba revisando unas notas sobre esos debates que solemos hacer a veces, más o menos formales, parte de lo que sigue aquí, acerca de qué diablos es la cultura, pensé enseguida en el viejo cisne, en cuánto de tiempo y trabajo condensa en su exacto diseño.

El término cultura, desde su impronta etimológica nos remite a cultivo, nos refiere a aquello que no es natural, naturaleza, sino a producción y desde luego a producto. Sabemos que son múltiples las acepciones y empleos del término, y seguramente no es de menor importancia tener in mente el amplio campo que va desde todo lo resultante de la actividad humana hasta aquellos productos que remiten a una idea de cultura en un sentido más estrecho donde justamente la proximidad con el arte se haría más visible. Y no solo, sino también con otras manifestaciones del orden simbólico. Sin embargo el no abandono, como marco general de esa multiplicidad de acepciones conlleva la posibilidad de una ineludible vinculación que es la que se da entre cultura y sociedad. Lo que nos permite a su vez desplegar otras reflexiones sobre la cultura ligadas a este término, a un grupo cuya estratificación diversa, cuyo devenir, da como resultado el empleo de categorías tales como cultura culta, cultura popular, cultura de masas, culturas marginales, culturas aborígenes, culturas dominantes, etc.
Esa diversidad parece borrar la idea de hablar de cultura, sencillamente en singular, y sin embargo, tal heterogeneidad remite, en contrapartida, a la singularidad, algo así como lo que nos une en una común pertenencia en tanto seres humanos. Por otra parte esa diversidad no supone el armado de conjuntos invariables que podrían rotularse según algunas de las denominaciones antedichas. Concebida como un proceso dinámico, sobre todo en la modernidad, la cultura es el producto de procesos de asimilación, transformación, intercambios, y para usar un término que me parece altamente exacto para definir esta lógica de traslaciones y movimientos, el acuñado por Fernando Ortiz: transculturaciones. Lo que hace a los traspasos, transformaciones y, en el sentido amplio de la palabra, de traducciones. En contrapunto, estos movimientos hallan sus momentos de fijación, donde se evidencia el resultado de tales procesos.
La cultura entonces se presenta como un campo diverso, densamente poblado por los más variados productos susceptibles además de ser clasificados y valorados, definidos y acotados. Y simultáneamente relacionados, no sólo en tanto formas de comparación por sus características, sino también, en cuanto a la vinculación misma: de qué modo un grupo influye, que modificaciones sufre un elemento trasladado de un campo a otro, etc. Encontramos entonces también una lógica de desvíos, de discontinuidades, disrritmias, disfornías, etc. Estas lógicas de traslados y desvíos sirven admirablemente a la interpretación de textos poéticos, pero que también pueden encontrarse en el de otro tipo de productos culturales.
Por otra parte es ineludible considerar al referirnos a una cultura y a las culturas, la posición relativa que ocupa el productor, el artista. Inmerso y conformado por pautas culturales varias –prevalecientes unas, subyacentes otras- en la medida de lo posible es preciso tener en cuenta la condición propia, dicho de otro modo, saber verse en el espejo, porque conocer la imagen de uno no es de menor importancia cuando se intenta mirar la del otro (con y sin mayúscula.