Valer la pena

Blog de Susana Cella

Nombre: S.C.
Ubicación: Buenos Aires, Argentina

1.5.06

Primavera en el Mercado de Heno


Ocho horas
Desde 1860 los obreros norteamericanos luchaban por la jornada laboral de ocho horas, el cálculo era simple: ocho para dormir, ocho para descansar, ocho de trabajo, total, veinticuatro, un día. En cambio eran hasta dieciséis en el trabajo y el resto, para recuperar pálidamente la fuerza y seguir al día siguiente. En una convención realizada en 1884 la Federación de trabajadores de Estados Unidos y Canadá llama a luchar por las ocho horas que empezarían a regir desde el 1º de mayo de 1886.
El primero de mayo de 1886, el dirigente Albert Parsons, de la organización Caballeros del Trabajo de Chicago, encabezó una manifestación de más de ochenta mil trabajadores por las calles de Chicago. Unos trescientos cincuenta mil se sumaron al pedido y empezó la huelga. El 3 de mayo, luego del discurso de August Spies, director de un periódico laborista, unos seis mil obreros marcharon a la fábrica McCormick. La policía abrió fuego, mató a un obrero e hirió a muchos otros.
Haymarket, el mercado del heno ensangrentado
El cuatro de mayo los anarquistas convocaron a una protesta el 4 de mayor de 1886, en Haymarket, contra la represión del día anterior. Hablaron Spies, Parsons y Samuel Fielden ante dos mil quinientos obreros. Empezaba a llover, doscientos policías esperaban, una bomba estalló y mató a un policía. Los otros empezaron a tirar, cayeron siete de ellos y cuatro trabajadores, sin contar los heridos. Nunca se supo quién tiró la bomba, y no es difícil inferirlo porque el resultado fue la persecusión de anarquistas, sindicatos y obreros en general en todo el país, arrestos masivos, allanamientos.
Acusados de conspiración y asesinato, el 21 de junio de 1886, fueron juzgados ocho dirigentes: Parsons, Spies, Fielden, Schwab, Fischer, Lingg, Engle y Nebee, el fallo fue la condena a muerte a siete y la prisión a uno. El juicio distó mucho de ser siquiera un juicio. El 11 de noviembre de 1886 fueron ahorcados Georg Engel (alemán, 50 años, tipógrafo), Adolf Fischer (alemán, 30 años, periodista, Albert Parsons (estadounidense, 39 años, periodista, que no estuvo presente en el lugar, Hessois Auguste Spies (alemán, 31 años, periodista). Louis Linng (alemán, 22 años, carpintero) misteriosamente Louise Lingg se suicidó en la celda. Samuel Fielden, inglés, pastor metodista y obrero textil fue condenado a cadena perpetua); Oscar Neebe (estadounidense, vendedor, condenado a 15 años de trabajos forzados), Michael Swabb (alemán, tipógrafo, fue condenado a cadena perpetua), revista la causa siete años después, los acusados fueron declarados inocentes, sólo tres pudieron enterarse de eso y salir en libertad.
En el Primer Congreso de la Segunda Internacional Socialista, celebrado en París 3n 1889, se declaró el primero de mayo como día internacional del trabajo. En Estados Unidos, en cambio, igual que en Canádá y algunos países de Europa Occidental, el primero de mayo, May Day, se festeja la llegada de la primavera. Recién en 1935, fue aprobada en ese país la jornada de ocho horas.


"...salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos. Abajo está la concurrencia, sentada en hilera de sillas delante del cadalso como en un teatro... Firmeza en el rostro de Fischer, plegaria en el de Spies, orgullo en el del Parsons, Engel hace un chiste a propósito de su capucha, Spies grita: "la voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora». Les bajan las capuchas, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen y se balancean en una danza espantable... (José Martí, cronista del proceso a los mártires de Chicago, para La Nación de Buenos Aires)
El espanto siguió su danza, sin que se sepa, como habitualmente, cuántos, fueron miles los obreros perseguidos, torturados, procesados, heridos, despedidos. Entre ellos, quedaron algunos nombres en la historia: Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, La mayoría, inmigrantes, llegados a América a buscar mejor destino. Los diarios, sumados a jueces, patrones y festejantes de la primavera en general, no dejaron de señalar ese dato, inmigrantes indeseables que vienen a perturbar la paz de este gran país próspero que ha tenido la deferencia de dejarlos entrar a gozar de los beneficios de su siempre rayada y estrellada libertad.


1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Susana felicitaciones por el articulo y particularmente por incluir el comentario de Jose Martì otro heroe de america.

11:17 a. m., mayo 01, 2007  

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