Valer la pena

Blog de Susana Cella

Nombre: S.C.
Ubicación: Buenos Aires, Argentina

12.12.06

Declaración de silencio

El fulgor no es luz que se propaga, como el aura sólo arde en torno de un objeto o cuerpo, por lo tanto es inútil todo esfuerzo de retacearle al cuerpo, objeto, ceniza viva, algo de lo que sólo a su aura pertenece.
Suspendido el aire y quebrado el hábito suele seguir llegando de pura invención o mentida irrealidad, un momento atrás de otro, y así, así, la fila larga se descompone y tambalea como si cada una de las densas imágenes de luz, sonido y materia no acertaran a componer la deseada coreografía, la figura principal y dejaran, como dejan, al azar o voluntad comedida, todo intento de ubicarse en un definitivo sitio, porque saben, o porque no, que no hay tal cosa y que el secreto queda apenas atisbado y el secreto, circulante, menos fijo todavía, se retuerce y bastardea según quien se atreve a tocarlo y aun, aun, secreto queda por su oscuro centro indevelable.
Otra será la cosa que nos dé a entender al decir lo mismo repetido en las cambiantes horas, los vaivenes de mar y río, la ceniza oculta que ha de ir a dar, por fin, a la mar.
Gracias a Susana, la mamá de Selva, por su mensaje, porque sin saberlo me hizo encontrar en un poema de William Faulkner que traduje hace tiempo, las palabras que quería para Nicolás Rosa
AQUÍ ESTÁ ÉL, MIENTRAS LA NOCHE ETERNA VA CAYENDO

Y es la noche como un sueño entre paredes grises
cayendo lentamente, cayendo lentamente
entre dos paredes de piedra gris y sin término,
entre dos paredes acrecidas de silencio.
La luz del crepúsculo se corta con aguas cayendo sin cesar
y se adensa con capullos de flores perennes
y una voz que por siempre llama,
dulce y sobria.
La primavera despierta las paredes de una calle fría,
siembra semillas de plata siempre recordadas en los sitios helados;
en prados similares a rostros fijos y de sonrisas simples
y agita los arroyos y el césped que supo de sus pies.
Aquí está él, sin la puerta de piedra
entre dos paredes crecidas de silencio,
y hojas de silencio esparcidas por el suelo;
Aquí, en la plata solemne de primaveras ruinosas
entre los suaves capullos siempre verdes, ante la puerta
Está de pie y canta.
W.F.

30.9.06

Inverosímil e increíble



El genocida miraba al cielo, o para arriba, recibía como una unción de santidad la condena, no era fácil mirarlo, porque así pasa con las imágenes del horror, de la maldad satisfecha de sí. Y con esa misma cara habrá seguido en el encierro levantando la cruz plateada tal vez soñando con nuevas crucifixiones y lentas muertes tan ávidamente cultivadas. No tuvo que esperar mucho, porque uno de los que no consiguió matar, Jorge Julio López, que ahí estuvo simplemente contando algo de lo que sí había hecho el asesino fascista, desapareció. Desapareció como desaparecido, no se lo encuentra ni vagando por Europa, ni muerto, ni en la Casa Rosada ni en ninguna otra parte. Van días, días que sirven para repetir, en parte, las conocidas frases, más otras nuevas no menos tremendas, y lo inverosímil, que sería hoy la sola idea de que alguien, acá, desaparezca del modo que hizo que la palabra misma tuviera definitivamente para nosotros un sentido preminente; retorna y retorna cruda, contundente, como si se desvanecieran los eufemismos que intentaban disfrazar o negar lo que ante los ojos estaba y llevaba a desviar la vista, a mirar para otro lado, y no por esa cara y esos gestos exhibidos por Echecolatz, sino porque se dicen hoy, cuando la incertidumbre y el hecho la devuelve puesta en presente. Pero aun contra todas los desvariados pronunciamientos que no merecen ni el nombre de hipótesis, algo deja ver el oscuro relumbre de la verdad. Un rato antes de la marcha del miércoles 25 de septiembre, varios de los que se preparaban para asistir, nunca habían vivido el hecho en su cruda mostración. No les es desconocido el asesinato que no dejó de sucederse sin solución de continuidad a colimbas, chicos pobres, militantes de barrio, muertos por sobrantes y así. Pero la desaparición propiamente dicha y anunciada, el mensaje de que eso no quedó en un episodio que según algunos fue consecuencia de una década violenta, de demonios, y otras estupideces o canalladas por el estilo, eso no. No lo conocían y expresaban la perplejidad, se les notaba en las apenas esbozadas palabras, incrédulas. Lo inverosímil y lo increíble aquí no eran lo mismo, entre ambas cosas, está la oscura sospecha de que hay una hendidura que no cesa. No se vieron rasgadas de vestiduras como convocó y todavía convoca la palabra genocidio. De cualquier modo las declaraciones siguen, y las amenazas, para enmudecer a los que intentan decir alguna verdad –un periodista en la televisión, los testigos, las voces que sean que vengan a perturbar al coro de las ranas avarientas de seguridades e hipócritas, cuyos caminos continúan como siempre, en el mejor de los mundos posibles. Entretanto, entre medio, en el hiato, se afincan las preguntas irrespondidas, dónde y cómo, día por día, en los sucesivos en que van creciendo los chicos, en que López no se sabe adonde está ni cómo.

16.9.06

La fecha asesina



¿De qué estás hecha, patria? Cuántas miles y millones de opacas formas por encima y debajo de tu suelo andan, se enredan o evaporan. Y si cada cual su sombra tiene, ahí te quedan para vos, y nos las vas mezclando. Raras por tal cosa, se nos vienen tus trazas con las sombras retenidas que cada sombra te ha prestado o fríamente tomaste. No describas entonces por falseo, ni nos hagas el engaño de belleza, si no es por sombras aclaradas. Tu propia sombra te pedimos que nos muestres, aun en sombras dispersada y ligera, para dejarnos ver qué cosa de valor habría. Esté tu parte en cada forma bendita que podamos conocerte y recordar, en todas las gracias del afuera, y en nosotros, las profundas interiores, remedando geología. Y que no siga siendo para el efímero amor que nos empuja a tus pozos de agua, a tus tierras granulosas, a tus sucios aires.
16 de septiembre de 1955. Revolución Libertadora
16 de septiembre de 1976. Noche de los lápices

5.9.06

Corrientes para el Bajo



Le hablaba a cierta persona, para enterarla un poco, del dulce amanecer del centro, de cómo, despacito, empiezan a cantar unos pájaros y que al rato no se oyen casi porque los ruidos de los autos crecen y después como una sinfónica crecen más todavía los motores, los colectivos, y el paso de la gente, con sus hablas, sus apuros y sus dichos y entredichos. Le contaba qué lejos del silencio, de la vida amasándose, embrollada, rumorosa y estridente, de mi ciudad. Me gusta caminarla, con calor y con frío, mirarle su parte de cielo, olerla y, de arriba abajo, de abajo arriba, al norte y al sur, mirar las fachadas y las calles, certificar casi, qué cosa, tal vez de un día para otro está cambiada, un arreglo empezado, un bache, un pozo inaugurado, la pintura de un edificio, alguna cúpula resurgida del hollín y limpia a la luz siguiendo la vida de las casas viejas. En esa tarde en que desde Corrientes y Uruguay tenía que ir hasta 25 de Mayo y Perón, seguí por Corrientes, ómnibus, pocos autos, el aspecto que va tomando previo a una manifestación. Como preparativos serían los que vi en el obelisco alrededor, por el norte y por el sur, la sensación de inmensidad. Corrientes a la altura donde antes estaba el Trust Joyero Relojero y ahora hay un asqueroso Mac Donald, lo pasé de largo, mucho ya no me faltaba, y doblé en lo que primero pensé era Reconquista y resultó ser San Martín. Al anochecer en la city hay pocos autos y poca gente, es mi costumbre que las vereditas de un metro me alcancen a esa hora, y no tenga, como cuando de día, en las horas de los bancos y bolsa, que andar esquivando gente, bajando el cordón, cediendo el paso. Y esta vez se iba cómodo, porque no era por las vereditas, la gente caminaba por la calle sin autos, desviados para cualquier otra parte por los policías, miro un poco, miro, veo que están yendo a Plaza de Mayo, cuántas veces vi gente yendo para ahí, cuántas yo entre los demás, y ahí fue el espanto, yo estaba entre esos otros, como si también esta vez estuviera yendo a la Plaza de Mayo, estaba ahí entre unas señoras con sacos o tapados elegantes, más o menos sport, según, con señores mayores y otros más jóvenes, de camperas de gamuza o trajes y sobretodos, variado, se diría, pero no, había para hacer diferencia, petisos, altos, rubios, pelados, un poco más o un poco menos flacos, y aun no tanto como para que no ganase la semejanza. Porque no eran estas cosas, era el modo, la cara de dignidad ofendida y el rictus de venganza que en los labios llevaban, todos, labios con o sin colágeno, más gruesos o finos, caras de cabellos claros, de ondas, ojos de odio concentrado, gesto de venganza y vindicación de su decencia. La piel de gallina en las piernas, un día de invierno, debajo de las medias, no es cosa cómoda, pero sí la consecuencia, digamos, natural, de encontrarme entre toda esa gente bien, a lo que se me agregaba que alguien, fuera quien fuera, hasta Dios, pudiera confundirse y pensar que yo y ellos... que podía yo estar yendo... que tenía algún tic parecido, si inclusive al verlos, los policías de chalecos anaranjados parecían buenos. La primera reacción fue gritarles fachos hijos de puta, pero el instinto de preservación ganó, ¿serían todos contra mí o tal vez alguna otra persona como yo, había caído por causalidad en la calle San Martín y le estaba pasando lo mismo? Doblé, creo que por Bartolomé Mitre, nombre por demás indicado para enfatizar esta situación, ahora la sombra del prócer de ellos, pero mejor el fantasma ése que tenerlos ahí al lado, tangibles. En la lateral había menos, avancé más, llegué finalmente a Reconquista y a 25 de Mayo, y de nuevo los encontraba, clones y clones nacidos y criados en un país donde nacieron, se criaron y gobernaron unas gentes capaces de estar torturando a una parturienta, ponerle a uno de los hijos muertos sobre el pecho, y mostrarle al que estaba sobreviviendo, un poco más lejos, chiquito, indefenso, negado a los brazos de la madre, a su aliento, alimento y calor, a que se muriera de espanto y de frío en una cámara de esas que los bien vestidos, airados y republicanos quieren repartir, y eso que de repartir no son, entre los que, como ese bebito, como esa madre, no pueden defenderse porque son chicos, o pobres, o malditos demonios, o todo junto. Infames inventaron una teoría, en cuya ridiculez me puse a pensar precisamente cuando leía esta historia de tortura y muerte, sólo que si hubiera sido nomás ridiculez, tan terrible no sería, un poco de risa y lástima tal vez bastaran. Sino que esa teoría con toda su ridiculez fue facturada, creída, divulgada, establecida, y todavía, todavía, anda ahí subyaciendo, anda como andan algunos, que no fueron claro a esa marcha de inconfundible fascismo de cuya concurrencia la excepción son algunas víctimas, algunos que fueron con las fotos, y que pensaban en la violenta muerte, el crimen, en el familiar asesinado. Pero no los más, no las señoras soberbias, no los señores con cara de mano dura, ni mucho menos las patéticas y siniestras figuras ahí presentes. ¿Dónde están las caras menos ostensibles de todo esto? Espiando seguramente a ver qué pasa y esperando que se haga el lugarcito confortable para entrar triunfalmente. Entretanto, hay cosas para entretenerse, discusiones bizantinas que proponer, protestas y declaraciones enaltecedoras, alguna cosa que firmar sin más riesgo que el de las señoras y señores paseando por la city contemplados por los frentes discretamente iluminados de sus queridos bancos y sociedades anónimas.

27.8.06

A América Scarfó y sus flores rojas



Atendió el teléfono desconfiada, me preguntó quién me había dado el nœmero, le di un nombre, se ve que mal no le pareció, y medio como explicándome dijo que ya bastante la habían molestado desde el día en que le devolvieron los papeles de Severino, sentía que le querían robar lo que era nomás de ella, hacer de su sufrimiento una historia atractiva, también que habían pretendido hacerle una especie de biografía, sin pagarle nada. “No para m’, para donarlo al Hospital de Niños”, me aclaró con pura ética anarquista. A todo esto se le estaba yendo la reticencia del principio, y siguió hablando, siguió, y yo, que quería tener una conversación con ella, que le estaba solicitando una entrevista, jamás la tuve, quedó en un después incierto, y lo del teléfono fue tan inesperado que ni tuve tiempo de grabarlo. De otro modo, ahora podría transcribir ese relato, el de ella, de cuando Severino y Paulino estaban condenados, de su dolor, de cómo pudo contestarle a su cuñada que ella sí tenía fuerza para estar cuanto más cerca y más tiempo fuera posible con su hombre, de lo que le dijo Severino cuando pudo verla, de que le pidió que cuidara a los chicos, de cuando jugaban a disfrazarse, del barrio y la familia. Pero, como ella misma dijo “Esa historia es mía y la voy a escribir yo” y si no pudo ser ella, nadie más será. La conversación no se grabó porque no debía ser, porque ella no habría querido que alguien más refiriera esos detalles íntimos, los sentimientos guardados por décadas del único amor de su vida, “porque él fue...”. Porque solo ella podía mezclar as’ el castellano y el italiano. Afortundamente Bayer pudo acercarse a todo esto en su libro. Afortunadamente los falsarios de la memoria no ganan esta vez con sus historias oficiales. Las flores rojas siguen frescas.

Pero lo del teléfono fue verdad y tal vez cuando lo cuente nadie va a creer que fue cierto, pero usted y yo lo sabremos, América, y sabremos que esa conversación fue un largo rato de verdad. De verdad verdadera saltando como usted saltaba de su compañero a los hijos, a sus padres, a los nietos y biznietos, al marido, la editorial y la carta de amor en italiano de la que me quedaron las dos palabras más repetidas, las principales: "cara" y "bimbi".

"Bueno, ya le conté bastante" me dijo después de una media hora, con el resto de firmeza que se traslucía en suentrañable voz.

30.7.06

Fósforo blanco


Gracias a la gente de por aquí, que desdeñando quedarse en las estupideces y necedades publicadas por algunos soi dissant intelectuales, los cuales ante cualquier cosa que contradiga sus manipulaciones de poderes o poderitos, hipocresías, operaciones de desaparición simbólica, brotes psicóticos ante la sola mención de algunas palabras, intentos de reformular la Unión Democrática del 45, y ante lo que sea que evidencie algún intento de hacer algo para que este país no siga siendo una colonia económica e ideológicamente liberaloide y una república mentida, reaccionan cual vírgenes acosadas en sus velos demócraticos entre los que el filo del odio se oculta; se puede llegar a algo que parece hoy un milagro: un blog que sigue funcionando en el Líbano. Recorriendo la lista de blogs de ese país, encontré, como en todas partes, blogs diversos –arte, política, deporte, etc. La mayoría llega hasta mayo. Andar por esos blogs no es la habitual práctica de ver desde cosas interesantes hasta cimas de idiotez, sino algo casi horroroso, uno no cesa de preguntarse dónde estarán sus autores y no quiere ni imaginarlo. Kerblog, de Mazen Kerbaj, Beirut, continúa:
http://mazenkerblog.blogspot.com/
Su post del domingo 30 de julio de 2006 se titula
qana / beirut
(escribe en inglés y siempre en minúsculas)
En castellano sería más o menos así:
Canaán/ Beirut
Hace dos mil años, en Canaán, Jesús transformó el agua en vino.
Hoy, en Canaán, la fuerza aérea israelí transforma a los chicos en cenizas
Hoy, en Beirut, no puedo transformar esta página en un dibujo
(y pese a todo, hay ahí uno de sus dibujos)

27.7.06

Las veinte veinticinco, 26/7/1952


allí yo: nacen. una gota cayendo. mis obras contra. yo que aún,
una gota en un océano: cayendo allí.
un oceáno de: que es de este mundo, una gota cayendo en: la
injusticia, un océano. mis obras contra. yo sé que aún.
.........................................................................
Ya: lo que quise. mi palabra
está.

Leónidas Lamborghini, Eva Perón en la hoguera

21.7.06

SABBATH Y BLIZTKRIEG


Detalles delicadamente explicados esta misma semana en un canal de televisión de cable por un grupo de personas al parecer entendidas en religión que reflexionaban sobre el significado profundo y espiritual de las pacíficas reuniones tradicionales

Los hijos de Israel maquinaron muchas cosas inconvenientes contra Yavé, su Dios... Cometieron maldades, provocando a Yavé. Sirvieron a sus repugnantes ídolos a pesar de que Yavé les había dicho: "ustedes no deben hacer tal cosa". Reyes II, 9, 11-12
La preparación del Sabbath. Un mantel blanco, por lo menos, dos velas prendidas, y el olor de las cosas limpias y ordenadas, lo que se ha de tomar y comer y, siempre, la llama de las velas irradiando luz. Precisamente todo lo que se les niega y se les destruye a otras casas similares, con su gente incluida que también, iba a sentarse a su cena, a habitar su casa. No hay forma de argumentar que pueda juntar la Blitzkrieg y el Sabbath, salvo ser orgulloso sirviente de un becerro de oro que pide se le rindan en sacrificio las muestres de los subhumanos, si es posible antes de que salgan del vientre de su madre, o de chiquititos, no sea cosa de que crezcan y quieran tener también su mesa, su parte de aire y tierra, su agua y sus calles, sus ciudades y sus celebraciones propias.

¿Cuántas veces Yavé castigó la impiedad de su pueblo?
¿Será este su peor castigo? ¿Haberlos hecho iguales a ellos? A los nazis. Iguales pisando, iguales quemando, iguales emplazando garras, humo negro, espanto. Iguales en la soberbia y en la obsecuencia, sirviendo a un emperador ante el cual cualquiera de los romanos, hasta Calígula, parece poco menos que un chico travieso.
Nota: La comparación, obvia, se diría, se puede leer en forma detallada en
American Caligula, de Raymond Ponziny
http://www.retortmagazine.com/content/06.04/id_article_ponziny.htm

2.7.06

El perro del hortelano



La presente cumple el objetivo de invitarlo en forma personal a concurrir y participar de la próxima Asamblea General que celebraremos en el Edificio en la fecha indicada en la Convocatoria adjunta a la presente con el claro propósito de tratar el temario propuesto en esa.
El Administrador

Reunida la Asamblea con la presencia personal de cuatro propietarios y por delegación, de otros cuatro, empezó la celebración. El temario propuesto había sido preparado para la asamblea prevista para el día miércoles 21 de junio a las 16 hs. a la que habían asistido dos propietarios con un poder de otros dos, sumados los cuales representaban el 2,8 de la superficie poseída. Ante la situación uno de los propietarios argumentó falta de representatividad, mientras que el otro no, como quedaban 2 a 2, el administrador tuvo que desempatar, y fue a favor del que no quería hacerse responsable de las importantes decisiones que había que tomar. Con el doble de participantes y habiendo sido advertidos en la carta todo el resto de que si no iban, tendrían que acatar lo que fuera que se dispusiese, la Asamblea votó en disidencia todos los puntos. El primero, arreglar un caño de bajada de los departamentos del frente para que no siguiera acumulándose la humedad en todos los departamentos que ya no solo manchaba y descascaraba sino que se iba viendo como lenta catarata avanzando por las paredes, tuvo el voto a favor de los representantes del frente y en contra de los otros, que no tenían humedad y por tanto no veían por qué se tenían que ocupar de la humedad de los demás. El segundo, limpiar los desagües de los departamentos del contrafrente, fue aprobado por los representantes de esos departamentos, pero rechazado por los del frente, porque consideraban que si no se hacían cargo de la humedad, tampoco ellos se iban a hacer cargo de impedir que se les desbordasen las rejillas y se les cubrieran los pisos de agua mugrienta, cosa que cada cual se tendría que limpiar solo. Lo mismo les dijeron los otros de las humedades. El tercer punto, que era relativo a comprarle al portero un teléfono celular para que cualquiera que lo necesitara en el momento que fuera por alguna emergencia, tuvo dos votos del frente y dos del contrafrente a favor y los otros cuatro en contra, para los primeros, tener al portero a disposición, siempre que no estuviera ocupado el celular, era muy necesario y de paso podían saber qué andaba haciendo cuando no se lo veía por ninguna parte, y para los contrarios, porque el celular era un gasto superfluo y al portero bien podían salir a buscarlo, o directamente, en el caso de urgencia, tenían los teléfonos anotados en la planta baja y podían llamar desde las respectivas unidades. En cuanto a la reparación de las llaves de gas del sótano, uno de los presentes señaló que había que hacer un estudio para comprobar si de verdad había pérdida, y si era cierto que esa pérdida, en caso de que la hubiera, era de importancia, porque según le constaba por lo que le había dicho el cuñado que las había visto, con las llaves cerradas no se sentía olor a gas, y además, estaba la rejilla de ventilación, que para algo la habían puesto. Y los cables medio pelados pasaban bastante lejos, así que mejor era no tocar nada. El que se opuso no hizo más que explicar cuál era el peligro, pero la palabra confiable del cuñado experto, favoreció la votación de los del frente contra los del contrafrente, bajo cuyos departamentos estaba el sótano. Con esto se pasó por alto el punto siguiente, sobre el arreglo de los cables El último punto trataba de la colocación de un interruptor de corriente automático. El que votó a favor, perdió tres a cero porque todos los otros dijeron sencillamente, que no hacía falta, hasta ese momento habían estado sin interruptor y podían seguir así. Les preguntó a esta altura el administrador qué destino querían darle entonces a los fondos que se habían juntado gracias a las cuotas extra que habían sido cobradas con el fin de emprender las, como habían dicho en la asamblea efectivamente realizada un año atrás, imprescindibles tareas de reparación y mejoramiento del edificio. A diferencia de todo lo anterior, hubo acuerdo unánime en que los fondos podían seguir quedando ahí de reserva hasta que se pusieran de acuerdo en qué cosa era necesaria para que el edificio no tuviera problemas ningún tipo. Votaron los cuatro presentes y los cuatro papeles representativos a favor, y el administrador labró el acta que todos firmaron. Cumplido el hecho democrático, cada cual se fue a su casa o bien a continuar con igual actitud en asambleas similares que transcurren de manera más o menos parecida en las oficinas, instituciones, consorcios del barrio o internacionales.

11.6.06

Sed que no para (11/6/05-11/6/06)

Juan José Saer

MOTIVOS

Gotas frías en hojas grises
y el viento con acero de mayo.
Con minucia, el otoño
perfora el corazón
del verano enterrado entre las hojas podridas.
En la reunión del fin y del comienzo
¿quién verá en ese ramo de otoños y veranos
la caída del agua, la tensa vibración
de la hoja, para decir después su resplandor
con qué palabra?
Clara madera en que la luz festeja
con destellos veloces la limpia destrucción.
El olor del café, denso como un abrazo,
en la casa quemada del amor,
roza al pato salvaje y a los duros limones
muertos en el fogón.
El que ve en las mañanas de mayo corromper
el otoño las uvas finales
tiembla y vacila.
(de El arte de narrar)

6.6.06

La sinécdoque y las zapatillas negras



La sinécdoque es una figura retórica, y aunque siempre anda en confusión con algunas formas de la metonimia, al fin y al cabo se usa para decir que alguno ha nombrado la parte por el todo. Se supone que las figuras estas son cosas de la antigüedad grecolatina, los neoclásicos y los estructuralistas, o sea, según la afiebrada posesión de la novedad, viejas, como la novedad misma es también. Porque la novedad, tan diferente de lo nuevo (tan sin otro sentido, todo lo más y todo lo menos, que decir que algo no estaba antes y está ahora, sin que esto lleve a pensar, salvo para alguno que se crea que las cosas van de mejor en mejor) es vieja en tanto tal, nada más varían los fugaces objetos novedosos. Lo de la sinécdoque, en este caso, no tiene que ver aquí, lamentablemente, con algún sentido nuevo que sale de mirar con agudeza lo que anda ahí delante, lo que estaba y de ese modo no había sido visto, lo que no se va y se queda y espera mudamente, sino con un fenómeno que la hace circular como billete manoseado que así y todo no deja de tener su valor de cambio. Los ejemplos típicos de esta figura que significa al todo por la parte suelen ser, digamos, "Washington considera...", en lugar de "el gobierno de los Estados Unidos considera o los políticos de dicha ciudad consideran..." o "la Corona de España", en vez de, en esta época, Juan Carlos de Borbón y familia. En tales casos podría ser un mero resumen o un énfasis. Pero la figura esta, la sinécdoque, como todas, por otra parte, acude a conformar los discursos, moldea la expresión del pensamiento y siembra sus efectos. No es lo mismo nombrar algo como parte de un conjunto que declarar certeramente esa parte como totalidad. Así, por ejemplo, si, digamos, mi sobrino, y agreguemos, diez amigos de mi sobrino, más otros diez, quince, amigos de los amigos de mi sobrino, y sumemos, otros cincuenta no amigos de mi sobrino y tal vez unos cincuenta más, usan zapatillas negras, entonces afirmo sin que por un momento siquiera me detenga a preguntarme si no será mera suposición de mi parte, percepción errada, sin que se me pase por la mente que tal vez debería considerar que el mundo es más grande, más vario y más heterogéneo de lo que puedo, en una ojeada percibirlo, afirmo, decía, que todos los adolescentes usan zapatillas negras. Y siguiendo con mis impensadas hipótesis, concluyo que todos los adolescentes usan zapatillas negras porque odian las zapatillas blancas, las zapatillas de dos colores o tres o cuatro, los zapatos, las botas, etc., y digo también, ya que estamos, que odian todas esas zapatillas o calzados porque no les gustan los colores y prefieren la ausencia de estos mismos. De manera que esas zapatillas negras demuestran claramente, sin la menor sombra de duda, cosa que este tipo de razonamiento no sabe ni qué diablos es, que los adolescentes en su totalidad, y aquí viene el gran verbo, son –les asigno una esencialidad-, partidarios del no-color, de la oscuridad, o de lo que fuera que se me ocurriera asociar con una zapatilla negra. Cosas oyeres o leyeres, que non crederes. El punto justamente, es que una inocente figura según cómo funcione en un discurso, puede inducir creencias tan disparatadas como la de que todos los adolescentes usan zapatillas negras, o verdes, o rojas o a rayadas.

1.5.06

Primavera en el Mercado de Heno


Ocho horas
Desde 1860 los obreros norteamericanos luchaban por la jornada laboral de ocho horas, el cálculo era simple: ocho para dormir, ocho para descansar, ocho de trabajo, total, veinticuatro, un día. En cambio eran hasta dieciséis en el trabajo y el resto, para recuperar pálidamente la fuerza y seguir al día siguiente. En una convención realizada en 1884 la Federación de trabajadores de Estados Unidos y Canadá llama a luchar por las ocho horas que empezarían a regir desde el 1º de mayo de 1886.
El primero de mayo de 1886, el dirigente Albert Parsons, de la organización Caballeros del Trabajo de Chicago, encabezó una manifestación de más de ochenta mil trabajadores por las calles de Chicago. Unos trescientos cincuenta mil se sumaron al pedido y empezó la huelga. El 3 de mayo, luego del discurso de August Spies, director de un periódico laborista, unos seis mil obreros marcharon a la fábrica McCormick. La policía abrió fuego, mató a un obrero e hirió a muchos otros.
Haymarket, el mercado del heno ensangrentado
El cuatro de mayo los anarquistas convocaron a una protesta el 4 de mayor de 1886, en Haymarket, contra la represión del día anterior. Hablaron Spies, Parsons y Samuel Fielden ante dos mil quinientos obreros. Empezaba a llover, doscientos policías esperaban, una bomba estalló y mató a un policía. Los otros empezaron a tirar, cayeron siete de ellos y cuatro trabajadores, sin contar los heridos. Nunca se supo quién tiró la bomba, y no es difícil inferirlo porque el resultado fue la persecusión de anarquistas, sindicatos y obreros en general en todo el país, arrestos masivos, allanamientos.
Acusados de conspiración y asesinato, el 21 de junio de 1886, fueron juzgados ocho dirigentes: Parsons, Spies, Fielden, Schwab, Fischer, Lingg, Engle y Nebee, el fallo fue la condena a muerte a siete y la prisión a uno. El juicio distó mucho de ser siquiera un juicio. El 11 de noviembre de 1886 fueron ahorcados Georg Engel (alemán, 50 años, tipógrafo), Adolf Fischer (alemán, 30 años, periodista, Albert Parsons (estadounidense, 39 años, periodista, que no estuvo presente en el lugar, Hessois Auguste Spies (alemán, 31 años, periodista). Louis Linng (alemán, 22 años, carpintero) misteriosamente Louise Lingg se suicidó en la celda. Samuel Fielden, inglés, pastor metodista y obrero textil fue condenado a cadena perpetua); Oscar Neebe (estadounidense, vendedor, condenado a 15 años de trabajos forzados), Michael Swabb (alemán, tipógrafo, fue condenado a cadena perpetua), revista la causa siete años después, los acusados fueron declarados inocentes, sólo tres pudieron enterarse de eso y salir en libertad.
En el Primer Congreso de la Segunda Internacional Socialista, celebrado en París 3n 1889, se declaró el primero de mayo como día internacional del trabajo. En Estados Unidos, en cambio, igual que en Canádá y algunos países de Europa Occidental, el primero de mayo, May Day, se festeja la llegada de la primavera. Recién en 1935, fue aprobada en ese país la jornada de ocho horas.


"...salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos. Abajo está la concurrencia, sentada en hilera de sillas delante del cadalso como en un teatro... Firmeza en el rostro de Fischer, plegaria en el de Spies, orgullo en el del Parsons, Engel hace un chiste a propósito de su capucha, Spies grita: "la voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora». Les bajan las capuchas, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen y se balancean en una danza espantable... (José Martí, cronista del proceso a los mártires de Chicago, para La Nación de Buenos Aires)
El espanto siguió su danza, sin que se sepa, como habitualmente, cuántos, fueron miles los obreros perseguidos, torturados, procesados, heridos, despedidos. Entre ellos, quedaron algunos nombres en la historia: Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, La mayoría, inmigrantes, llegados a América a buscar mejor destino. Los diarios, sumados a jueces, patrones y festejantes de la primavera en general, no dejaron de señalar ese dato, inmigrantes indeseables que vienen a perturbar la paz de este gran país próspero que ha tenido la deferencia de dejarlos entrar a gozar de los beneficios de su siempre rayada y estrellada libertad.


14.4.06

Y banderas de papel lilas, rojas y amarillas


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8.4.06

Residencia en la tierra


La escena: una fiesta familiar. Está el reencuentro con los parientes, están los parentescos hechos por las afinidades electivas o por azarosos amores y desamores. En una ángulo claro del salón tres invitados hablan de lo que según parece anduvieron leyendo por los diarios de política y estrategias, al lado de una ventana oscura que no deja ver, por oscura y por tapada en parte con la cortina, qué es lo que está pasando afuera. En otro recoveco, no lejos, donde la noche no se ve porque las cortinas cubren completamente los vidrios, alrededor de la mesita con canapés, sandwiches y calentitos, están conversando otros y sale el tema de los bolivianos que habían perturbado el viaje a algunos de los que finalmente pudieron arribar para divertirse sanamente y en familia. De estos, unos seis, cuatro por lo menos eran judíos, sus abuelos o bisabuelos llegaron a la tierra prometida donde encontraron en lugar de leche y miel, la Liga Patriótica, la ley de Residencia, los largos bonetes y estrellas cosidas a sus caras, invisibles, pero no por eso menos presentes. De no haber sido por la ropa, los modales, el decorado del ambiente, la manera de hablar, y algunos otros accidentes, que claramente indicaban el ascenso social de estos descendientes, de piojoso a piojo resucitado, en su charla, eso que para los antepasados fue peligro, revivía triunfante. Con sólo cambiar alguna de las palabras, por ejemplo, boliviano o coreano por judío, igualmente se trataba de intrusos, lacra que había que expatriar, ingratos que venían a aprovecharse de la gran bondad argentina para todos los hombres del mundo que quisieran habitar su suelo magnífico y lleno de riquezas, democracia y buena voluntad, esos, ladrones, aprovechados. Y nosotros, decían así, no hacemos nada y todavía les damos... la oportunidad de que unos viles, y compatriotas de ellos, tan viles como los propios nuestros, los importen para que dejen su vida arriba de una máquina, de una cama de prostíbulo, en la calle fría o recalentada, nosotros, generosamente desentendidos del género humano... y todavía, estos cretinos se atreven a protestar.
Ahí se le dio a una de las mujeres la ocasión de decir lo suyo, elegante , según apreciaría ella que era, con la pollera de dudosa seda, la remera con hombro al descubierto y el pelo abrillantado, cuenta cómo enfrentó a un vecino suyo, boliviano, el día en que hizo ruido con una máquina, sencillamente fue, le tocó el timbre, no le respondieron, empezó a patear la puerta, como corresponde a una dama, salió el hombre, le dijo ella que si no terminaba con el ruido le iba tirar querosene (y fósforo encendido, no hizo falta que lo mencionara) sobre el toldo boliviano, desde la ventana argentina. No calculó la piromaníaca hasta dónde podría llegar el fuego. Lo contó como una hazaña propia, un canto propio a su propia valentía, el boliviano apagó la máquina y según dijo, al día siguiente la saludó con amabilidad y trato de "señora" y nunca más hubo ruido.
No es lo más importante que esta historia sea cierta, no es tampoco muy confiable la fuente, una mujer de pelo y piel estirados, dura y derecha como un palo, como su alma, si es que tiene, y viuda de un señor que le llevaba unos treinta o más años y que antes de morir, y de casarse con ella y dejarle su pensión, se había modificado el apellido para que no quedara ni pizca de relación con nombre hebreo o idish o judío, y se había hecho militar. La señora dijo que la solución era muy sencilla, que se vayan, nadie los llamó, que se vayan, y en su espíritu, y sin que ella lo supiera, la ley de residencia probaba su larga eficacia más allá del siglo transcurrido. Que haya o pudiera haber sucedido, con ser terrible, no es, quizá, quizá porque por suerte no sucedió y no hubo incendio, lo peor. Lo peor es que la señora lo cuente como una hazaña y que los otros aprueben y le hagan el coro con país generoso, nosotros somos unos tontos por dejarlos entrar, habría que hacer como en Estados Unidos, si no tenés tarjeta no te atienden en ningún hospital, que se vayan y sigue la música hasta que a los novios se les da por cortar la torta, tirar flores y brindar emocionados por tanta felicidad ahí, abajo de ese techo cobijador, sobre la gloriosa tierra argentina.

1.4.06

Acerca de la destrucción



Se quema hasta los cimientos la casa de alguien. Los restos humeantes sólo muestran un hogar en ruinas que, habitado durante años y donde tuvieron lugar hechos entrañables, fue un sitio amado. Poco a poco, cuando pasan los días y las semanas, el hombre se va dando cuenta de que le falta una cosa, luego otra, luego otra más y así. Y cuando quiere encontrarlas cae en la cuenta de que estaban en esa casa. Siempre se trata de algo único. No puede reemplazarse. Estaba en esa casa. Es una pérdida irreparable. Pasarán años hasta que el recuento de esos objetos únicos, irremplazables, se complete, y hasta entonces no sabrá verdaderamente cuál fue la magnitud de su desastre.
Mark Twain
...juegan con cosas que no tienen repuesto
Joan Manuel Serrat
Día a día una mezcla de hechos, de diversa proporción y cualidad, un asunto de familia, una discusión política, algo que se lee, se percibe en la calle o en los ámbitos por donde uno anda o en aquellos que lejanos, llegan transmitidos por las varias formas de los así llamados medios de comunicación, empezaron a homogeneizarse de algún modo para mí, por encontrarles un rasgo en común cuya definición, aproximativa tal vez, es la palabra destrucción. Un impulso o una corriente similar a ese viento que mucho no se nota pero que acarrea vaya a saber cuántos microbios o virus, parece estar filtrándose por todo sitio en que halla una hendija. ¿Hasta dónde se puede calcular la onda expansiva que un acto mínimo puede tener en cuanto a lacerar o ensuciar sencillamente, todo aquello que es necesario preservar. Digo esto y noto un matiz ecologista, no está del todo mal, el ataque a la naturaleza es una de las formas que la agresión ha asumido con devastador poder. Pero menos que a grandes cataclismos o a sucesos resonantes, me refiero aquí, especialmente, a los que serían su réplica en miniatura. Las olitas que se difuminan frente al tsunami. La destrucción en grietitas chicas, se muestra en formas múltiples, está en actitudes displicentes, agresivas, en el enfermizo apego a las tonterías, en la difamación, en una suerte de fiebre –y no me parece desacertado decir fiebre pensando en el estado de delirio que pueden alcanzar algunas afirmaciones, ataques al otro, corridas por izquierda, etc.- que ostentando una postura falsamente crítica (ya que ni por un segundo se detiene a reflexionar sobre sus supuestos, lo que es indispensable para que exista la crítica misma), que no se mira al espejo (a ver si como Drácula no se ve nada), arremete con todo y contra todo. Poco es lo que tenemos, por tanto, la necesidad de cuidado es mayor. ¿Qué le hace falta, imperiosamente a los chicos encerrados en algún cuartucho o barraca, en las paradas de taxis, en las estaciones, pidiendo monedas o buscando algún tipo de supervivencia? Calor de hogar, abrigo, cariño, infancia. Esta imagen extrema, la que nos tratamos de espantar cuando para aliviar nuestra conciencia perturbada les damos una moneda, se reproduce en escalas menores, con tonos más desvaídos, en muchos actos donde late, en lo profundo, un deseo de destruir a otro imaginando que con eso se logra algún tipo de autoafirmación. De no ser que se pone tanto en peligro, que se roza el lugar de la necesidad y no el reino de la libertad, la cosa, quizá, no merecería mayor atención. Es peligroso jugar con fuego. Y si de cosas pequeñas uno habla, pequenísimas, bueno, ahora me voy a la Física, que hace más de un siglo demostró –y la reacción en cadena continúa- la importancia del átomo.